memorias de una larga noche-II

por Arístides Vega. (tomado de su muro en facebook)

Creo que desde el arte es posible construir una vida mejor. Lograr sueños postergados, incentivar esa capacidad creativa que puede salvarnos o aliviarnos de situaciones difíciles. Creo que no hay enramado más protector que la cultura. Y creo que cuando uno pierde la ruta o el sentido de una espiritualidad plena lo ha perdido todo, así crea tener mucho.
Creo en la posibilidad de levantarse cada mañana dispuesto a defender un sueño, pese a que sea difícil y a veces se represente como un imposible. Creo en Dios y en mis abuelos, que solo cerraban la puerta de su casa en la alta noche. Para que todo el que quisiera entrar pudiera hacerlo simplemente empujando la puerta. Creo en el sabor del café compartido, del alimento que se dispone sobre una mesa infinita, con suficientes sillas para todo el que llega.
Creo en la poesía como único discurso de la verdad. En la palabra sincera que nunca es errada. Creo que a todos nos asiste solo una parte de la verdad y si la compartimos, desde el más absoluto respeto, nos acercaremos a la verdadera verdad.
Admiro la capacidad de embellecer lo que parece imposible de convertir en bello. En el Mago Javier, vecino mío, que carga todas las mañanas, desde el mismo día que cesaron los vientos huracanados, con todo lo que utiliza para hacer feliz a los niños de los poblados en que muchos lo han perdido todo. Claro que esas personas necesitan con urgencia un techo, y alimentos, agua potable y una sábana para cubrirse. Pero un Mago, un verdadero mago como mi vecino, puede hacer desaparecer la tristeza de esos niños por un rato y eso tiene, ahora mismo, un valor inestimado.
Creo en las sombras chinescas que sobre una extendida sábana mi amigo, el poeta Sergio García Zamora, proyectó en la sala de su casa en las infinitas noches de apagón para demostrar que pese a la más absoluta oscuridad es posible edificar un espacio de satisfacción.
Creo en la trompeta que acompañaba un canto alegre que era posible escuchar desde mi apartamento entre tanto silencio, cuando el viento estaba por despedirse y todos suponíamos había quedado poco afuera.
Me gustaría ver una correspondencia entre lo que está sucediendo, en cuanto a la recuperación por el huracán, en la Televisión y lo que ocurre en mi comunidad.
Duele ver un fin de semana inactivo en estos predios cuando quedan aún cables eléctricos caídos, postes derribados, restos de los árboles que aún obstaculizan las aceras y sobre todo la mucha basura generada del huracán en medio de calles, contenes de las aceras y en lo que antes fueron las áreas verdes de esta zona en que vivo.
Me gustaría ver una movilización ciudadana respaldada por camiones para limpiar definitivamente nuestros alrededores y convertir esta zona, que de alguna manera es uno de los escasos pulmones de la ciudad, en áreas limpias que regresen a una normalidad, aún cuando la falta de árboles será notable por mucho tiempo.
No sé por qué no se ha convocado a los ciudadanos, para hacerle frente a lo que definitivamente tardará mucho en resarcirse si recae esta responsabilidad solo en el Estado. Siempre hay quienes tenemos sentido de pertenencia por el sitio en que vivimos, y preocupados por posibles epidemias y por lograr un paisaje lo más alejado posible al dejado por el huracán estaríamos dispuestos a colaborar.
Creo que la recuperación por las afectaciones del huracán tiene que comenzar primero en nosotros, hacia dentro, para después cambiar el inhóspito contexto sobre el que hoy es difícil, pero no imposible, imaginar un futuro inmediato en que podamos deslizar nuestros sueños más reiterativos.

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