¿para qué sirve la poesía?

La poesía sirve para algo, pero no sé para qué, dijo alguien que prefirió dejarnos la puerta abierta. Tal vez la pregunta nos lleva a otra no menos importante: ¿Para qué sirven los sueños? La poesía es el territorio de la creación y el vaticinio, espacio donde se suspende temporalmente la incredulidad.

Lo cierto es que cada año se reúnen poetas de toda Cuba en Pilón, un pueblo costero que hizo un nido entre el mar y la montaña en la llamada Ensenada de Mora. El evento Al Sur está la poesía es un viaje a la semilla de la palabra que baja de los montes con el perfil de las jatías y las pitajayas. El poeta lleva el verso pero recoge la palabra desnuda de adjetivos sin merodeos de artificios porque por aquellos lares se dice amañaneando por amaneciendo, norteando por viento norte, garganteado por gritar, dolor desconsola’o por dolor de barriga, y así una lista interminable que enriquece la cocina del lenguaje.

Desde hace 25 años se celebra el festival. Con los versos bajo el brazo se visitan centros de trabajo, comunidades, debates teóricos, vigilias poéticas. Un grupo de «locos malos de magia» que conformaron la simiente del Grupo Sur, fueron los dadores de vida de este proyecto que ahora es un movimiento que alza los mejores valores de la cultura, la identidad y ese puente de asombros que une a la gente.

La poesía se entreteje con la ecología y la historia en una especie de cofradía natural que se aferra al espíritu de las comunidades como el árbol a la piedra de las lomas harta de palmas y de caminos.

En los primeros días de junio, Al Sur… volvió con sus guitarras garganteando el último verso. A Dos Bocas se fueron los poetas con Alex Pausides para conocer los aires de la tierra donde nació Malo de Magia, uno de los cuadernos poéticos más auténticos de nuestra poesía, allí está el Génesis de la palabra comparada con Martí nombrando las cosas en el Diario de Campaña.

La gente humilde y laboriosa de aquellos campos pone sobre la mesa todo los olores de las frutas y los dulces, el Pilón deja caer los golpes sobre el café tostado hasta convertirlo en polvo y oloroso chorrito saliendo por el colador de saco; y todo ocurre tan cerca de aquellas montaña donde el Che Guevara pidió que dieran una tacita de café a Ofelia Arcís que se había desmayado al ver los harapos de siete sobrevivientes del Granma. Historia, poesía, gesto humano y hospitalario ruedan por aquellos lugares a pesar del polvo y del ingenio de azúcar tendido en el silencio de la única torre que todavía se alza.

Frente al mar, Tony Borrego, poeta tunero improvisa unos versos: «El mar es más viejo que yo /se me ha secado adentro…», no tiene que decir más, basta el epigrama que recoge el misterio de las palabras y la fuerza que merodea en el alma cotidiana de las cosas.

El evento Al sur está la poesía nos confirma la verdad lanzada alguna vez por la ferviente martiana y poeta Fina García Marruz: «Los verdaderos poetas son los que no escriben versos, el canario que canta en el balcón, la hermana que cose en la habitación, la bocanada de brisa que entra cuando abrimos la puerta, porque todos son servidores de luz». La poesía nos revela que más allá de los intentos colonizadores de vaciarnos la ternura, es útil para alimentar el fuego de la palabra indígena, la del sentido común, la nuez de donde vienen los ríos, la poesía nos dice que es necesario crear desde las manos y la garganta el acto de juntar la belleza y la justicia.

*Profesor de la Universidad Jesús Montané Oropesa. Isla de la Juventud

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