falleció el poeta ecuatoriano humberto vinueza

Humberto Vinueza, poeta y activista político de izquierda, falleció la madrugada del 15 de marzo de 2017 en la Clínica Pasteur, en Quito, donde se encontraba internado, aquejado por un cáncer.

Vinueza nació en Guayaquil en 1941, pero desarrolló su carrera, tanto poética como política, en Quito. En los años 60 despegó como poeta, y en 1966 formó parte de los Tzántzicos, grupo literario de vanguardia que remeció las letras locales. Fue  colaborador de publicaciones como Pucuna o La bufanda del sol.

Vinueza tuvo un papel activo y destacado en la literatura de esa época. Su vena poética siempre estuvo atravesada por sus intereses políticos, que lo llevaron a participar en diversos procesos sociales nacionales; uno de ellos fue la Reforma Agraria, de mediados de los años 70, gracias a su formación de ingeniero agrónomo (realizó sus estudios en la Unión Soviética). Incursionó directamente en la política como candidato a la vicepresidencia en las elecciones de 1979 por el Frente Amplio de Izquierda (FADI). Recientemente estuvo ligado al gobierno de Rafael Correa, en el que se desempeñó como asesor del Ministerio del Interior, hasta antes del 2013, y a partir de entonces y hasta noviembre del 2016 fue embajador del país ante Irán y Pakistán.

Poeta y ensayista, Vinueza hizo su última publicación en el 2015: ‘Poesía completa’, editada en Madrid. Uno de sus libros paradigmáticos, de inicios de los 70, es ‘Un gallinzo cantor bajo un sol de a perro’. Tiene alrededor de 15 libros de poesía publicados y actualmente Editorial Eskeletra tiene listos los tomos 1 y 2 de las obras completas del poeta, tituladas ‘La Voz y el Silencio’; próximamente entrarán en circulación.

Esta nota ha sido tomada del  Diario EL COMERCIO

Poemas de Humberto Vinueza.

De tanto esperarte ahora tengo tu edad

De tanto esperarte ahora tengo tu edad
o más: podrías ser mi primogénito.

Tu voz me despierta en el sueño
y me dice “para qué tanta vigilia
de la sal
de los enredos de la carne”.

Nuestro tiempo –respondo– se celebra
con exactitud al reverso de las hojas
en el sacramento de orfandades semejantes.
Nadie vive interesado en saber
de cuál paternidad somos transcurso.
A nadie le importa que tú seas mi padre
o que yo sea el tuyo.

Lo percibimos de idéntico modo.
Ambos nos besamos en la frente
entre dos puertas.

 

Se esforzaron entre guerra y guerra

Se esforzaron entre guerra y guerra
despidiendo amigos
novias supersónicas con destino de fuego y aire
parientes que al mirarse ante los ojos de la muerte
se despojaron de su único misterio.

Cuánto tiempo para que nadie se extravíe.
Cuánta afirmación en el nunca adiós y en el jamás retorno.
Cuánta memoria atrapada en lunas de sangre y cólera.

Dicen que se avecina más catástrofe
alta intensidad en blanco y negro.
¿Será otra guerra tan ajena
al reflejo de todas nuestras pérdidas?

Ya no frecuentan puentes con extremos desiguales.
Sienten que deambulan en museos de cera.

 

La memoria colectiva

La memoria colectiva es la cúspide
de profetas poetas y santos
pero hemos llegado muy temprano
demasiado tarde o quien sabe en el momento justo:
la memoria humana reserva solo un sitio cada mil años.

Tal vez nos registre algún confidente de la nada
nos diluya el yodo de las inconstancias cardinales
o el olvido infrarrojo de dios.

A destiempo hemos llegado a la trama abierta en el extremo
oportunamente quizás a la cisura del fondo.

El poeta remienda su tropo trunco cada día
y en el bullicio o en el silencio bucea
la constelación atávica de su voz.

La suma de todos los poetas
se condensa apenas en la primera sílaba
del hombre iniciado como verso.

La meta ondea en la memoria colectiva.

 

El mar

El mar subyuga
pone lunas junto al circuito de los romances
y destello de violeta al final del sueño
señala y borra momentos en la playa
jugando entre dos corazones.

Pero aquello que no late en la transfusión de soles
ni en los muelles del espejo unánime
lo fija el poeta con la estela de su ola.

Crea semejanzas para todos los gestos
y apariencias en el aire desitiado del silencio
delimita el vacío y la señal
la sombra que converge hacia la luz
la insurrección desde el asombro.

La palabra existe a condición de su ausencia móvil.

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