fefé de diego presentó en el sabado del libro el poemario de su padre en la calzada de jesús del monte

por María de los Angeles Polo Vega.

Los 25 años de fundada la Colección Sur, fueron homenajeados en el sábado del libro que cada semana organiza el Instituto Cubano del Libro en la calle de Madera de la Plaa de Armas en la Habana Vieja.

Para la ocasión se reservó la presentación, por un panel de lujo, de cuatro títulos de autores imprescindibles en la poesía de Iberoamérica, Enemigo Rumor de José Lezama Lima, presentado por el doctor Roberto Méndez, En la Calzada de Jesús del Monte, de Eliseo Diego, que la presentadora fue su propia hija Fefé de Diego,Los párpados y el polvo de Fayad Jamís que presentó Basilia Papastamatiu  y Que veremos arder de Roberto Fernández Retamar, presentado por el investigador y crítico Víctor Fowler, quien además felicitó a la Colección Sur por  el acierto de publicar y brindarnos la oportunidad de reunir, en una misma presentación a estos grandes poetas Lezama como el gran aglutinador y junto a él, Eliseo, Fayad y Retamar.

De este último su hija,Laidy Fernández de Juan leyó algunos poemas, incluidos el que da título al poemario y él que más les gustaba, tanto a  ella como su mamá. Posteriormente, para cerrar con broche de oro esta presentación y con el típico sentido del humor que le caracteriza, Laidys hizo algunas simpáticas anécdotas de la amistad, que en el plano personal unió durante toda la vida a estos cuatro gigantes de las letras cubanas.

Hoy CubaPoesía comparte con los lectores las palabras de Fefé de Diego al presentar el poemario En la Calzada de Jesús del Monte, que también por estos días cumple 70 años años de publicado.

EN LA CALZADA DE JESÚS DEL MONTE (Colección Sur, La Habana, 2017)

No soy crítico literario y no me corresponde a mí, por ser su hija, opinar sobre la calidad e importancia de este libro. Solo puedo dar testimonio de lo que viví, junto a mis padres y al grupo de amigos, poetas y artistas que visitaban mi casa, muchos de los cuales integraron lo que se conoció como Grupo Orígenes.

Hace siete décadas, mi padre, Eliseo Diego, un muchacho de apenas veintiocho años, recogía, en los talleres de Úcar García, en la Habana Vieja, los ejemplares de su primer poemario, En la Calzada de Jesús del Monte. Por aquella época, esperaba, ansioso, el nacimiento de su primer hijo, mi hermano Rapi,  vivía en El Vedado, con su esposa y su madre, y trabajaba como profesor de inglés. Dos volúmenes de cuentos precedían este cuaderno, En las oscuras manos del olvido (1942) y Divertimentos (1946). El joven poeta había comenzado a escribir su libro, aproximadamente, en 1944, y lo había terminado tres años después, pero no se decidía a publicarlo, aunque ya algunos poemas habían aparecido en la revista Orígenes (1944-1956). Las dos fechas ―de impresión y terminación― aparecen en el libro, para dolor de cabeza de los bibliotecarios: en la cubierta, “Ediciones Orígenes, La Habana 1949”; y en la portadilla, “La Habana, Año de 1947”. La primera vez que Eliseo leyó sus versos fue en la casa de su novia Bella García Marruz, en Neptuno No. 308, entre Águila y Galeano. Allí se reunía con su amigo de la infancia, Cintio Vitier, con Fina, la hermana de Bella y novia de Cintio, con Octavio Smith, Agustín Pi, Gastón Baquero y otros jóvenes escritores y artistas de aquellos años.

La causa de la demora en dar a conocer sus versos  fue la inseguridad que sentía y un excesivo rigor, según afirmó en varias ocasiones: todos sus amigos escribían poesía y él era ‘el prosista’ del grupo. En la Calzada de Jesús del Monte está considerado por la crítica nacional y extranjera como un clásico de la literatura hispanoamericana.

Contaba mi padre que fue José Lezama Lima quien lo decidió a publicar sus versos.  Una tarde en que conversaban en un cafetín habanero, después de una larga bocanada de humo de su tabaco, Lezama, utilizando el “usted”, que reservaba siempre para ocasiones especiales, le dijo: “Eliseo, si usted no acaba de publicar ese libro, me veré obligado a hacerlo yo, bajo mi firma”.  Ante elogio tan categórico, proveniente de alguien que no los regalaba, el joven Eliseo  decidió publicarlo.

Pero entre el momento en que dio por terminado su cuaderno (1947) y su publicación (1949), ocurrió un hecho importante: mis padres se casaron en la Parroquia de Bauta el 17 de julio de 1948. Y es que, según contó en varias entrevistas, un poco en broma y un poco en serio, la razón por la cual comenzó a escribir poesía fue para impresionar a su novia Bella. Cierto o no, En la Calzada de Jesús del Monte ha sido siempre el poemario preferido de sucesivas generaciones de jóvenes lectores y lectoras, en Cuba y en muchos otros países. Quizás, decía papá, porque había sido escrito justamente por alguien como ellos, por un joven enamorado, lo que hace que se reconozcan  en sus temas, obsesiones, temores y alegrías.

¿Pero por qué escogió ese título para su primer volumen de poemas?, ¿qué importancia había tenido esa Calzada para él?

Mi padre nació el 2 de julio de 1920 ―próximo está ya su centenario―  en la calle Compostela No.56 (actualmente Compostela No. 360), en la Habana Vieja pero, muy pronto, sus padres se mudaron a una pequeña quinta en las afueras de la ciudad, en el pueblo de Arroyo Naranjo.

Por aquellos años, la única vía para llegar a la ciudad era atravesando la Calzada de Bejucal, la que, en cierto tramo del camino, adoptaba el nombre de Calzada de Jesús del Monte, hoy, Avenida 10 de Octubre. Esa era la ruta que recorría el pequeño Eliseo cuando sus padres iban a la ciudad. La Calzada está, prácticamente, en ruinas. Pero hace casi un siglo, en la década de 1920, la antigua Calzada de Jesús del Monte era una avenida elegante, con casonas señoriales, llamativos vitrales y portales sombreados y amables.

En este volumen aparecen incluidos varios de los poemas que consideraba como los más representativos de su obra y de lo que podría llamarse su “poética”. Uno de ellos es “Voy a nombrar las cosas”. De este poema, habló Gastón Baquero cuando escribió sobre mi padre al conocer la tristísima noticia de su muerte, ocurrida el martes 1 de marzo de 1994:

Nombrar las cosas es el oficio del poeta. Dar nombre es engendrar y parir letra a letra el universo que el poeta descubre en torno suyo con el anteojo del alma. El universo comunicado al poeta, su reino, su mundo dentro y fuera del mundo de Dios y de los otros. Es regar ese hallazgo cotidiano de diamantes o de guijarros, vistiendo cada cosa con el traje humildoso del poema, es la tarea, es el destino del auténtico poeta, un ser ‘que no se queda con nada’, que lo destila todo sobre la piel de la tierra y la piel de los hombres. Eliseo Diego era ―me duele emplear esta palabra terrible: era― el Poeta, el alfarero, el artífice sin artificio. Deambulaba por el mundo de lo fantástico con la naturalidad de un Fantasma Iniciado, poseedor de la luz. De la casa, de la ventana, del jardín, de un recuerdo familiar, de las cosas y personas más humildes (…). Volver corpóreos los sueños, trabajo de Merlín, ser hortelano en el jardín de los espejos de la luna. Es ser fuente de felicidad para el prójimo más que para sí mismo. Esto hizo, esto hacía Eliseo Diego. ¡Bendito sea! (…). Ahí quedan sus libros, nuestros libros. Son una gloriosa exploración del mundo y del trasmundo. Pienso en Bella, clara y sencilla como un poema de Eliseo  (El artífice sin artificio, publicado en el periódico ABC, Madrid, jueves 3 de marzo de 1994).

Mi padre fue un hombre de profundas convicciones religiosas, católico. Dentro de unos pocos días se conmemorará y celebrará en gran parte de este lastimado planeta la Navidad, o sea, la Natividad o Nacimiento del Niño Jesús, según nos cuenta La Biblia (texto que, por cierto, debería estudiarse, como cualquier otro texto importante de la historia y de la cultura universal). El Niño Jesús traía un mensaje de amor y paz para toda la Humanidad. Son días en los que se piden deseos y se hacen planes para el futuro.

En enero de este año, un terrible tornado arrasó con varios barrios de La Habana. Recuerdo que cuando todavía no se tenían imágenes de la tragedia, un periodista de la televisión cubana, la voz en off, narraba la terrible devastación que tenía ante sus ojos. En un momento, dijo: “La cruz de la iglesia de la mítica Calzada de Jesús del Monte salió volando por los cielos y solo Dios sabe a dónde fue a parar”. Ojalá que la cruz no haya causado ningún daño a nadie ni a nada, y que haya sido restaurada, otra vez, en su lugar; ojalá que la mítica Calzada de Jesús del Monte recupere, algún día, al menos parte del esplendor que fascinó al niño que fue mi padre. Y ojalá que los jóvenes de Cuba y de otros países, se sigan acercando a su obra con la devoción y cariño con que lo han hecho hasta ahora, por los siglos de los siglos… Así sea.

 

Muchas gracias

 

Josefina de Diego

SÁBADO DEL LIBRO, 21 DE DICIEMBRE DE 2019

 

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