memorias de la poeta cubana teresa melo cuando visitó el alto boliviano

(Tomado de su perfil en facebook)

Bolivia

Año 2001 y Feria del Libro de La Paz: mi primer viaje al extranjero; kilómetros infinitos, montañas heladas, la compañía cálida de Miguel Mejides (fuimos los primeros autores cubanos invitados)… El soroche, por la altura, me golpeaba fuerte, y debía quedarme inmóvil en el stand de Cuba o en el hotel, tomando aquellas pastillas con té de coca. Apenas a dos cuadras del hotel cambiaba la vida: en mantas de colores sobre el piso las vendedoras indígenas exhibían su mercancía y me decían: caserita, cómprame. Eso me turbaba, les decía mi nombre, les hablaba, pero siempre me veían como a una blanca más de las que las discriminaban, ignoraban o esquivaban. Un bebé me miraba entre chicles y frutas. Escribí ese poema que se llama El Alto; de él es este fragmento:

“…Ajena simetría ponía otros colores
entrando unos en otros y sobre ellos
más color en cajas y etiquetas:
materia que la tierra no puede masticar.
Niños que balbuceaban sujetos a la madre
hubieran podido tragarse con los ojos
a cada transeúnte que se detenía revolviendo el tejido
pidiendo unos refrescos / escupiendo
semillas de manzana.

Aquellos caracoles en la oreja de todos
aislando a la extranjera.
Es lo más que recuerdo de lo alto de El Alto”.

Evo Morales no era aún presidente, aunque entreví su rostro entre otros. Pueblo aymara y sus leyendas, su belleza, su bandera wiphala. Me disgustaban los gestos de superioridad o desprecio de alguna gente al cruzarse con ellos, gente en la que yo veía también rasgos indígenas. Bolivia cambió, y la seguí de cerca, la refundación de la nación, como dijo el propio Evo siendo joven, cuando ya luchaba por reivindicaciones y por ello fue apresado y torturado, golpeado y dejado por muerto en un monte cualquiera.
Sin ingenuidades observo el escenario actual: la mentira continuada taladra hondo; la maquinaria del odio es poderosa. Y se ejerce, mientras callan actores concebidos para hablar, la política de los pistoleros. A ella debemos impresentables e ignorantes fascistas gobernando en América Latina, secuestrando proyectos inclusivos. Nunca perdonarán al indio; nunca lo verán como su igual. Para discriminarlo y aplastarlo tendrán una mano escudada en la palabra de Dios, y la otra sujetando el arma que dispara y hace correr la sangre originaria sobre sus banderas.

Es fácil, muy fácil, lo sé, decirlo desde la protectora pantalla del móvil. Pero también sé que tras ella también se muere de IGNORANCIA e INDIFERENCIA.

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