retrato de la bella otero, la bailaora que inspiró uno de los más conocidos versos sencillos de josé martí

El alma trémula y sola
Padece al anochecer:
Hay baile; vamos a ver
La bailarina española

Han hecho bien en quitar
El banderón de la acera;
Porque si está la bandera,
No sé, yo no puedo entrar.

Ya llega la bailarina:
Soberbia y pálida llega:
¿Cómo dicen que es gallega?
Pues dicen mal: es divina.

Lleva un sombrero torero
Y una capa carmesí:
¡Lo mismo que un alelí
Que se pusiese un sombrero!

Se ve, de paso, la ceja,
Ceja de mora traidora:
Y la mirada, de mora:
Y como nieve la oreja.

Preludian, bajan la luz
Y sale en bata y mantón,
La virgen de la Asunción
Bailando un baile andaluz.

Alza, retando, la frente;
Crúzase al hombro la manta:
En arco el brazo levanta:
Mueve despacio el pie ardiente.

Repica con los tacones
El tablado zalamera,
Como si la tabla fuera
Tablado de corazones.

Y va el convite creciendo
En las llamas de los ojos,
Y el manto de flecos rojos
Se va en el aire meciendo.

Súbito, de un salto arranca:
Húrtase, se quiebra, gira:
Abre en dos la cachemira,
Ofrece la bata blanca.

El cuerpo cede y ondea;
La boca abierta provoca;
Es una rosa la boca:
Lentamente taconea.

Recoge, de un débil giro,
El manto de flecos rojos:
Se va, cerrando los ojos,
Se va, como en un suspiro…

Baila muy bien la española;
Es blanco y rojo el mantón:
¡Vuelve, fosca, a su rincón
El alma trémula y sola!

Sobre su persona, una de las cortesanas más cotizadas de La Belle Époque Francesa se cuentan muchas anécdotas, dicen que le gustaba afirmar: “Hice mi fortuna durmiendo, pero no sola”.
Lo cierto es que la española Carolina Otero (1868-1965) fue amante de personajes de la realeza europea que podían pagar sus encantos sexuales como Guillermo II de Alemania, Nicolás II de Rusia, Leopoldo II de Bélgica, Alfonso XIII de España, Eduardo VII del Reino Unido, entre muchos más, incrementaron su fortuna que dilapidó en los casinos para morir en la pobreza a los 96 años.
El pintor simbolista español Julio Romero de Torres (1874–1930) la inmortalizó en el óleo “La Bella Otero” (1914). La obra pertenece a la colección familiar del pintor.

(foto e historia tomadas de internet)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *