poemas de josé lira sosa desde unión libre

Por Enrique Hernández-D’Jesús.

 

Desde niño escuché las historias del poeta José Lira Sosa. Adriano nos hablaba cuando vivían de Miseria a Zamuro, o de Miseria a Hambre, o de Miseria al Amor que sólo los poetas conocen en la vida y en el camino que llevan por dentro. Nos vimos muchas veces en la casa de Juan Sánchez Peláez y en Margarita junto con Luis Camilo Guevara y Caupolicán Ovalles.

Un día le publiqué el libro ENSERES Y ATAVÍOS. Dije que su poesía exalta el desquiciamiento, la profundidad sensual, el espíritu insondable de las aguas. Hechos poéticos en un revolcarse hacia adentro donde nada se detiene ni se estanca. Con la publicación de este libro logré ocupar sus espacios, igual que él lo hizo conmigo desde el primer día en que nos vimos. Era un Lira Sosa que cargaba un loro en la mano, un loro que conversaba sobre André Breton y estaba posado sobre la mano suave que el poeta utilizaba para escribir.

Un gran abrazo de su poeta

Enrique Hernández-D’Jesús

 

EL MAR José Lira Sosa

La ola debe levantarse más alto
La ola que juega en la espalda de la Desconocida
debe levantarse más alto
Es lo que digo
Tengo más de un siglo contemplando la Desconocida
y cada ola que acaricia la espalda de la Desconocida
me hiere como un rayo
La ola busca nuevamente la espalda de la Desconocida
¿Se quitará esos absurdos guantes de goma
para acariciar la espalda y las nalgas
de la bella Desconocida?
Y yo podré morirme de rabia
Es lo que digo
O irme a contemplar el paisaje de la montaña
El aire de la montaña aleja de mis pulmones
el humo salobre
Y separa mis párpados ebrios
que hundo en la almohada
mientras acaricio mis muslos amigos
en la casa de la montaña
He olvidado la promesa de comprarme
un par de guantes el día de mi cumpleaños.

 

LA VERSIÓN DEL PASTEL DE CHUCHO DE JOSÉ LIRA SOSA

Los ingredientes y la preparación:
1 kilo y ½ de Cazón recién pescado
2 Ajos grandes
2 Cebollas grandes
150 gramos de Ají dulce
1 Pimentón rojo
1 Pimentón verde
Pimienta al gusto
Comino
4 Tomates
10 Huevos
½ taza de Aceite de maíz
un compuesto: de Perejil, Cilantro, Yerbabuena
Apio España, Cebollín, Orégano.

Se limpia bien el cazón quitándoles los huesos y la piel. Se pone a sancochar con un poquito de sal, perejil, el ajo y cilantro. Al estar en su punto, lo saca , lo deja enfriar y lo desmenuza.
Aparte en un caldero, sofríe las cebollas y los ajos cortadas en cuadritos, al estar doraditos, le agrega los tomates partidos de igual manera, también el ají dulce bien pequeñito. Agrega un poco de comino, una
cucharadita de sal, orégano y la pimienta. Sobre este guiso acuesta el cazón desmenuzado. Le agrega un poco del caldo que quedó cuando se cocinó el pescado. Tapa bien el caldero, y lo deja hasta que esté seco,
más o menos tres cuartos de hora.
Bate los huevos a punto de nieve.
Aparte en un molde de vidrio, considerando el tamaño por la cantidad que ve, lo enmantequilla y lo polvorea con harina, acuesta el guiso mezclado con las tres cuartas partes del nevado. El resto lo deja para
cubrir la combinación.
Se mete al horno por diecisiete minutos a 250 grados centígrados. Al final se sube a 400 grados centígrados sin que llegue a quemarse.
Cuando lo vea dorado como el sol de Margarita lo saca. Se sirve caliente.

 

LOS VICIOS CEREMONIALES DE JOSÉ LIRA SOSA

Tú eres una pequeña que corre
tú eres una hoja blanca que se mueve
tú eres una pequeña hoja blanca que corre
se desplaza se mueve en sueños para siempre
El sabor es un acto de metamorfosis, un cambio constante en las fronteras
del espíritu, un trastrocamiento que nos ocurre en todas las situaciones
que atravesamos. Una copa de licor áspero, tomado en los brazos de una
mujer a quien apenas hemos conocido en la última madrugada, podría
acercarnos un poco a la definición del sabor puesto que ese mismo trago a
las pocas horas tenemos que rechazarlo por la aleta de un pez que se ha
educado en las profundidades submarinas, y el cual colocamos en un
lecho de algas para que nos despierte el apetito y el gusto de todas
aquellas cosas que se nos escapa en el medio de ciertos crepúsculos que
nos asaltan a golpes de colores desarraigados y perdidos en un gran
lienzo.
Puesto que tú eres entonces la promesa del agua
la oscuridad que presagiaba mi piel
invadiendo la selva de luz negra
perfeccionando el chorro de tierra y esperma
humillando, si, humillando mi búsqueda de la mandrágora
mi regreso a la edad media
Sin embargo a ciertas horas la presencia de una mesa de disección sobre
la cual reposa su último sueño una mujer desnuda cuyo sexo se vislumbra
a través de un paraguas, nos llevan a considerar que el gusto es un
fantasma que nos anima y nos acosa en todos los sueños donde esa misma
mujer nos toma de la mano y nos invita a penetrar en un bosque de
caricias para recordarnos que nuestra culpa es inútil y que estamos
obligados a continuar el acecho porque sus gestos de negación no son
otra cosa que los prolegómenos de una gran aventura siempre igual como
siempre repetida pero que nunca deja de sorprendernos pues en cada
oportunidad una sola gota de saliva nos hace cambiar por completo la
escena y ya no son las piernas de la mujer desnuda, ya no son sus senos
que nos miran inciertos, ni sus palabras susurradas apenas, sino ella,
simplemente ella,
ahora distinta y nueva y deseable.
Por mis ojos que no eran capaces de ver
de tanto querer ver que me cegaba
escucha no te vayas del poema que te escribo ahora
Pero en las aletas del pez y en las piernas de la mujer existe una prédica
que es lo único que nos sostiene y es aquella de guiarnos por los
meandros de un laberinto que nos hace llegar a lo que llamamos gusto y
con ello aprendemos y aprehendemos que detrás de cada marco de un
espejo hay un mundo entreabierto a la magia y a la maravilla y cuando
somos transeúntes en cualquier avenida, en los muros de la ciudad los
carteles desgarrados y en las frases escritas por las manos anónimas, el
aire que baja frío de las montañas
nos permiten asistir a un espectáculo que siempre nos mantiene bajo el
hechizo
de su influjo benefactor y delirante.
Vine de muy lejos
la ceremonia se desarrolla como lo habíamos previsto
el rito es idéntico
los vestidos
el sudor que pica como picotazos de pájaros
los pájaros
todo lo habíamos imaginado
y el instrumento es el mismo
Vine a la ciudad y le dije
Ven a mí
Déjame besar el aire tuyo
Déjame acariciar tus luminosos puntos negros
Permite reposar en mis manos tu larga cabellera
de cometa
José Lira Sosa
Además en ese momento descubrimos que estamos participando de un
sueño, un sueño que alguien está soñando por nosotros y por eso nos
sentimos perdidos y perturbadores por los gestos de la mujer que nos
rodea, por el sonido de su voz que nos recuerda las primeras oleadas del
diluvio, ese entonces cuando tratamos inútilmente de comportarnos
como buenos ciudadanos y cada intento que hacemos es un inmenso
fracaso, y nos hace aparecer realizando muecas ridículas y uno no
entiende nada porque son mundos diferentes.
El mundo de uno enamorado de la mujer que ama
y el mundo de los otros ocupados
en sus actividades diarias,
en sus oficios rentables.
Así como extraños, forasteros,
y nunca podemos reconciliarlos con nadie.
Pero dentro de este teatro absurdo es uno quien tiene la razón,
porque no hay ningún patrimonio más grande
que las piernas de la mujer
en la mesa de disección medio oculta
por el paraguas.

 

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