otorgan a mirta yáñez premio nacional de literatura 2018

redacción de CubaPoesía.

La poeta, ensayista, narradora, filóloga y profesora cubana Mirta Yáñez  fue reconocida este sábado con el Premio Nacional de Literatura 2018.

Un jurado integrado por Nancy  Morejón  como presidenta y  Rogelio Rodríguez Coronel, Laidi Fernandez de Juan, Olga Marta Pérez y Alex Pausides como miembros, (en Presencia de Juan Rodriguez Cabrera, Presidente del Instituto Cuban del Libro y de Edel Morales, Director del Centro Dulce María  Loynaz, quien coordina este premio, decidieron unánimemente  otorgarle el Premio a la escritora Mirta Yañez , quien había recibido para este premio diez nominaciones.

Los restantes nominados fueron: Enrique Sainz, Delfín Pratts, Eugenio Hernández Espinosa, María Elena Llana, , Lina de Feria, Francisco López Sacha, Pedro Juan Gutiérrez, Reinaldo Montero, Julia Calzadilla, Marta Rojas, Roberto Manzano, Waldo Leyva, Virgilio López Lemus y Nelson Simón, llegue a todos ellos nuestro reconocimiento, porque ser nominados es  un gran mérito en si mismo.

La doctorada Yáñez , ejerció la docencia durante largos años,  es especialista en literatura latinoamericana y cubana, así como en estudios acerca del discurso literario femenino cubano.

En 1970 recibió el Premio de Poesía del Concurso 13 de Marzo de la Universidad de la Habana y desde entonces son muchos los reconocimientos que acumula en su larga trayectoria intelectual que abarca diferentes géneros literarios:poesía, relatos, novelas, ensayos. Otros premios y reconocimientos recibidos son:

  • Primera Mención de cuento, Concurso «26 de Julio», 1975
  • Primera Mención de Crítica, Concurso «13 de Marzo», 1977
  • Premio de narrativa, Concurso «La Edad de Oro», 1977
  • Premio de cuento, Concurso «Editorial Abril», 1988
  • Premio de la Crítica, 1988, 1990, 2005 y 2010
  • Premio de ensayo, Concurso FMC, 1990
  • Premio “Memoria”, Concurso del Centro “Pablo de la Torriente Brau”, 2000
  • Premio Forderpreis der Iniciative LIBeraturpreis, Frankfurt, Alemania, 2001
  • Beca de Creación en Maison des Ecrivans et des Traducteurs (MEET), Saint-Nazaire, Francia, 2004

También ha escrito guiones para el cine y la televisión y su obra ha sido traducida a diferentes idiomas.

Hoy Cubapoesía comparte con sus lectores una selección de la obra poética de la cubana  Mirta Yáñez, Premio Nacional de Literatura 2018.

 

(en la antología personal Un solo bosque negro, 2003)

 

RECORDATORIO

 

Ten presente

siempre

que la posteridad se ha hecho

para que futuros estudiantes

―husmeadores frívolos y pasajeros―

se aprovechen

de la carne viva

que han dejado los pobres poetas

en sus cartas,

en sus sábanas miserables,

en sus miradas suspendidas de un árbol.

Pero ten presente

―también―

que los poetas sueñan

con la larga permanencia

y para eso construyen las catedrales

y los poemas.

 

 

 

(del cuaderno Horario personal, inédito)

 

UN SUCESO A LAS DOCE MERIDIANO

 

Ocurrió así como lo cuento.

Yo iba pensando

lo de todos los días

―juro que era lo mismo de siempre―;

me asustaba

que nunca sucediera nada del otro mundo.

Y entonces la bruja

pasó volando en una escoba,

me gritó mirta

y yo palidecí.

 

 

 

(del cuaderno Apuntes de clase, inédito)

 

QUEHACER GENERACIONAL

 

Aquellos, los nostálgicos poetas del pasado

nunca vieron la nieve,

pero el pálpito silencioso de los copos

cayó escrupulosamente sobre sus versos;

siempre desconfiaron

de los océanos,

de las atroces distancias sin más grito que el viento,

aunque a menudo olfatearon el sándalo

y jugaron, como niños,

con las chinerías;

es más,

supieron del estrago en los estómagos bohemios,

de la soledad

que se asemejaba a una helada mancha en el horizonte

y a la libertad sólo la conocieron

para romper la métrica de sus estrofas,

auténticas y desatinadas como los tiempos que corrieron.

Ah, mi joven poeta del mañana,

recibe sobre el poema el sol del trópico

como una andanada de salvajes cerbatanas;

emplea palabras feroces

para denunciar tu época;

dispón de lo necesario para registrar en la secreta costura

de la letra

el cambiante dolor del universo

y las leyes de la ternura que siempre fluye,

siempre fluye.

 

 

HERMANO QUIROGA

 

Nunca más el perfume excesivo de la costumbre,

se dijo el poeta renegado,

fuera con todo, cueste lo que cueste.

Fuera el consuelo de las certidumbres,

el lecho para dos,

las sucesivas generaciones

siguiendo una diáfana regularidad;

nunca más los refugios de la tolerancia

como sobras de la ciudad corrupta,

se dijo, hurgando en sus hambres, el poeta violento, el asesino,

el presunto suicida.

Fuera, fuera todas las afrentas

(como aquella de sentirse un mimado de los espurios dioses,

él mismo casi a punto de convertirse en un endeble diosecillo);

no, y mil veces no,

se dijo el poeta herético,

no a la urbe, no al corrillo,

no a las buenísimas maneras,

no a la belleza acatada por la mayoría

se dijo de una vez y por todas

el poeta irreverente, el célibe,

hundido de cabeza en su huraño destino,

en la brisa salvaje

de la selva ancestral,

en la ulcerante libertad del animal solitario

que defiende sus escasos dones.

 

 

CONTEXTOS DE SOR JUANA INÉS

 

Madre, madrecita Juana,

todos eran hombrazos en su pueblo,

las espuelas empezaron a morir contra su frente,

nadie colmaba

las tardes impúdicas

bajo los lienzos del patio del abuelo;

no era feliz la muchachita,

quién iría a sospechar entonces aquella vena férrea

y cálida

que le espetaba el corazón.

Sabihonda retenida en nuestras manos, ya decían,

se burlaban los pálidos superiores,

¿alguien recuerda sus nombres?

¿los de aquellos hombrazos?

El padre natural era uno de ellos, qué duda cabe,

y también los hidalgos con sus cosméticos pedestres,

los amantes, los patrones de casi todos los oficios,

ya se sabe, eran los dueños

de la fe y de la moneda,

del sexo también.

Desconcertante mujer ya madurando en la celda,

las gongorinas voces rescatando los polvos malditos,

allí saquea con tesón la poesía y se llena

los bolsillos de esas piedras volcánicas

para castigar la vesania.

Madrecita Juana del cilicio en bandolera,

el propio dios era todo un hombrazo

y tú así, qué remedio,

recordada por los siglos, la criatura imperfecta.

 

 

CONFERENCIA

 

Pretendo explicar algo a mis alumnos

que todo lo preguntan, la palabra,

impura,

las conjeturas sobre aquella página trémula ya tan distante,

qué se hizo de la furia manirrota en que se empeñaban

los antiguos poetas,

dónde va el rumor de los capítulos amarillentos,

el crujido de las mamparas y los versos,

indócil polen que me gana la vida,

la pasión impresa, detenida en los celajes,

ese frío soplo que nos separa.

Cómo puedo saber yo del perfil inquieto,

encendido apenas por el fuego enamorado de la adolescencia.

Los profesores no disertan del amor personal,

del sufrimiento leve,

ni de la nostalgia por la loseta crucificada en la penumbra,

allí también arde un corazón impensado,

sigan atentos a mi charla,

tras ella se esconde mi propia página trémula, mi furia,

el rumor, las mamparas.

 

 

 

(del cuaderno Limitaciones, inédito)

 

OBJETOS

 

Los objetos se someten indefensos

a las máscaras del tiempo.

Tomemos, por ejemplo, esta piedra,

esta desnuda piedrecita que encontré en una gaveta.

¿De dónde vino? ¿Desde cuándo está?

¿Cómo llegó hasta ahí?

¿Quién la trajo? ¿Por qué la conservé conmigo?

Cada pregunta que me hago acumula perplejidades

y desmemorias.

¿Es piedra de río o piedra de mar?

¿La recogí en un riachuelo de la Sierra Maestra?

¿O acaso en las riberas del bucólico Clain, o del Arno?

¿La encontré en la playa de Guanabo,

o en la costa de aquel pueblo del Pacífico,

o en el helado puerto de Ostende?

¿Sería una piedra de tierra adentro?

¿Proviene de las secas murallas de Avila,

de las ruinas de Tula, de los cerros de Humahuaca,

tal vez de la azotea de los abuelos que ya no existe?

¿Desde cuándo está conmigo?

¿Hago la cuenta por meses, por años, o por décadas?

¿Fue piedra de verano o de invierno?

¿Qué suceso la trajo?

¿Quizás el recuerdo del tránsito por algún cementerio?

¿Pero cuál de ellos? ¿Y cuál de los tránsitos?

¿Fue la memoria de un encuentro afortunado

o de una despedida?

¿Qué caminata me llevó hasta esta piedra,

no más grande que una moneda?

¿La recogí yo? ¿La encontré o la busqué?

¿Me la dio alguien? ¿Quién sería ese alguien?

¿Estará aún entre nosotros? ¿Me habrá olvidado también?

¿Conservará otra piedra gemela a la mía?

Y aún más:

¿Será mía esta piedra?

¿O todo ha sido un error?

El sitio que llamamos alma se me llena de espanto

cuando irrumpe, incluso así, el infinito.

Y eso que apenas hemos tomado, a modo de ejemplo,

una piedra,

entre tantos y tantos objetos,

esta pequeñita piedra.

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