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Entre las novedades  que nos reserva la Colección Sur para los próximos días se encuentran títulos como Del leopardo de la nieve a Maiakovski, del escritor chino Jidi Majia.

Nacido en una gran familia de la nobleza Yi en las tierras altas de Daliangshan, al oeste de la provincia de Sichuan, Jidi Maji es uno de los poetas de mayor originalidad e influencia de la China moderna.

Es también un gran activista cultural, que ha organizado acontecimientos literarios y artísticos internacionales a lo largo de todo el territorio chino, y ha llevado el mundo de la poesía universal contemporánea a los confines más remotos de su país.

 

Estudió en la Universidad de las Nacionalidades del Suroeste de su país, especializándose en Lengua China y Literaturas del Mundo. Cuando tenía 24 años, recibió los más altos honores de Estado, algo infrecuente en la sociedad china para escritores de esa edad.

 

Una obra de extraordinaria y constante calidad lírica e intelectual, con más de 40 libros publicados y traducidos a una veintena de idiomas, destaca a Jidi Maji como una de las principales voces poéticas de renombre internacional de la literatura china contemporánea.

La colección Sur editores pondrá próximamente en circulación este volumen, que se pondrá a la venta en Cuba para la venidera edición de la Feria Internacional del Libro de la Habana, pero que se presentará en el país del autor en el mes de septiembre.

Con este volumen damos  inicio a  una serie de publicaciones de Literatura china en Cuba que prevé alcanzar unos veinte títulos en los próximos cinco años..

 

La imaginación de la mirada la poesía de Jidi Majia, según su traductor y prologuista Eduardo Espina.

 

“La poesía es tan común, que poca gente puede encontrarla”, dice con acertado criterio la poeta estadounidense Alice Notley.

Afirman las casas editoriales que la gente lee poca poesía, sin embargo, cada persona conoce a alguien que escribe poesía.

En “A Yi Poet’s Dream. Personal testimony about contemporary

Chinese poetry (9 de November, 2005)”, ensayo luminoso por la sincera inteligencia con la que analiza la realidad cultural china actual, Jidi Majia afirma que “interest in poetry is rather scant in China. Although there is a high level of performance in terms of poetic creation, its importance in society is declining. […] Reading poetry can become a major activity only for minority”. (“El interés en la poesía es bastante escaso en China. Aunque hay un alto nivel en términos de creación poética, su importancia en la sociedad está disminuyendo. […]

Leer poesía puede convertirse en una actividad importante solo para la minoría”).1 Quizá la lectura de poesía sea una “actividad mayor solo para minorías”, como dice Majia, pero no es tan así en cuanto a la escritura. En China hay poetas por todas partes. Pude comprobarlo. La palabra poesía, tal vez no muy considerada por los lectores a la hora de comprar un libro, mantiene un extraño prestigio a la hora de comunicar sentimientos y vivencias que, de otra manera, no alcanzarían estatus público. Cuando algo se considera muy bueno suele decirse, “es poesía”.

Al momento de recibir un halago, una mujer o un hombre responden con frecuencia, “lo que me dijiste es muy poético”.

Gustavo Adolfo Bécquer, un romántico de casta, fue incluso más lejos. Ante la imposibilidad de definir a la poesía, y a la belleza de su amada, el poeta español sentenció: “Poesía eres tú”. A partir de la época moderna, todo puede ser poesía: un hombre, una mujer, o cualquier cosa con funcionalidad. Un auto bien hecho y con diseño futurista puede ser considerado “poesía”; una casa hermosa es “poesía”; un rascacielos que desafía la visualidad arquitectónica anterior, como las construcciones de Frank Gehry, es “poesía”; un gol visualmente atractivo en un partido de fútbol es “poesía”, etc. etc. Vivimos en una realidad rodeados por todas partes de poesía, y de seres y elementos con condición poética. Y sin embargo, en un poema no siempre hay elementos poéticos. Mejor dicho, poesía es lo que más suele faltar. Por consiguiente, adaptando la paráfrasis de Notley podría afirmarse: “La poesía es tan común, que poca gente puede hacerla aparecer en un poema”.

Jidi Majia es un poeta lírico. Desde el comienzo de cada poema advierte que el poema es reducto de la poesía y de lo poético, no intermediario de noticias. De ahí que la información incluida en los poemas es siempre lírica y apela a una recepción melódica de las palabras. En tiempos cuando los poetas cuentan por no saber cantar, Majia canta y entona, como si supiera que la poesía no puede ser sino solo eso: sonido de un pensamiento al momento de emocionarse. Advirtió Wallace Stevens refiriéndose a la acústica del poema: “Uno tiene que saber de alguna manera que tal sonido es el sonido exacto: y de hecho ya lo sabe, sin saber cómo”. Dice la expresión popular; “donde pone el ojo, pone la bala”. Majia pone el sonido donde pone la palabra. A Majia podemos situarlo en la corriente de la poesía moderna que construye el núcleo de su quehacer en una zona donde “lo poético” funda su condición inaugural a través del cómo se dice; de la “opinión” de los sonidos; de una música que habla para que la entiendan.

 

 

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