entrevista al ensayista italiano stefano pradel, premio de investigación “gerardo diego” 2018

Tomado de:   Marcapiel

por Samir Delgado.

La foto es tomada de internet.

-Con su trabajo “Vértigo de las cenizas: estética del fragmento en José Ángel Valente” ha recibido recientemente el Premio Internacional de Investigación Gerardo Diego en España. Su dedicación al hispanismo desde la universidad italiana ha marcado un referente para seguir tendiendo puentes entre ambos países desde el plano literario. Y justamente a través del poeta gallego que tras su muerte hace casi dos décadas representa una cima para la literatura europea ¿Cuál fue el origen de su acercamiento al autor de libros como Al dios del lugar o Fragmentos de un libro futuro?

Como muchos de mi generación, empecé mi carrera universitaria sin una idea precisa de lo que iba a hacer luego (o incluso durante). En ese entonces solía leer muchas cosas distintas para satisfacer, simplemente, mis pocos pero intensos flechazos de lector a veces ingenuo. Poesía clásica de Japón y China, sobre todo, pero también mucha literatura breve (cuentos, aforismos, novelas breves). En este sentido, mi primera aproximación a lo fragmentario, y también la que me marcó de forma más contundente, se debe a William S. Burroughs y su Naked Lunch. Valente llegó más tarde, a finales del primer ciclo de mi carrera, gracias a la labor del Prof. Pietro Taravacci (catedrático de literatura española en la Università degli Studi di Trento), que en ese entonces estaba ultimando la primera antología valentiana en italiano, Per isole remote. (Poesie 1953-2000). El Prof. Taravacci me acercó con sincera pasión a Valente, guiándome y ofreciéndome los instrumentos críticos necesarios para penetrar la complejidad de un poeta que me cautivó enseguida. Y este empeño hacia la figura de Valente, que seguimos compartiendo estrechamente al día de hoy, no parece querer agotarse en vista del futuro. En un principio quedé fascinado por la poesía de su madurez, en particular No amanece el cantor y Fragmentos de un libro futuro, que me resultaba extremadamente enigmática y a la vez transparente y se acercaba considerablemente a mi forma de sentir el mundo. Esa condensación de la belleza como forma de sanear la melancolía, pero también la percepción de la labor artística como forma de anticipar y aceptar la muerte, que no había encontrado aún en otros autores. A esto hay que añadirle la escritura ensayística, que me desveló la figura de un intelectual, y de su mundo, que tiene poco análogos por riqueza, profundidad e intuición, coherente en sí mismo a pesar de tener intereses tan heterogéneos, lo cual me permitió centrar también mis intereses y adquirir cierta actitud hacia el texto poético.

-El concepto de lo fragmentario, el margen y los bordes, se han constituido en un espacio paradigmático para afrontar la comprensión del mundo de hoy en el que reina la incertidumbre para todos los ámbitos de la vida social. Desde la obra monumental del Libro de los Pasajes parisinos de Walter Benjamin hay en el método del montaje una forma suculenta de acercarse a la verdad histórica de la ciudad y la vida moderna. ¿De qué modo leyó a un poeta transfronterizo como José Ángel Valente, cuya travesía vital oscila entre lugares tan dispares como Almería o Ginebra? 

Valente, con su propia vivencia personal derivada del exilio, se coloca más allá de cualquier frontera, como usted destaca cuando dice “transfronterizo”, en un ámbito más bien Europeo en sentido amplio, que es propio de autores como Celan y Jabés, que él tanto amaba. El ‘no lugar’ del exilio, ese sentimiento compartido de desarraigo, se convierte en espacio de diálogo y comunión. En ese sentido, yo creo, habría que ver su afán de re-construir una tradición poética transnacional y transhistórica, como forma de oponerse a ciertas ideologías que reclaman ilícitamente posesión sobre algo, en este caso el arte y el lenguaje, que por su propia definición se niega rotundamente a ser poseído. Valente nos enseña que el lugar propio de la poesía es el lenguaje, y que el lenguaje, por ende, es el único lugar al cual puede pertenecer el poeta. En esto, lo fragmentario surge como forma privilegiada para reconciliar de manera -si se me permita la aparente paradoja- unitaria un pensamiento poético tan amplio como complejo y, en cierto sentido, asistemático. El fragmento supone una pérdida esencial, la ausencia de algo (de ahí que también el fragmento sea, intrínsecamente, siempre plural), y también, por su derivación genética, la memoria de un origen hacia el cual tiende incesantemente. En esta tensión hacia lo invisible y lo ausente, el fragmento instaura relaciones abiertas con todo lo que le rodea, por complementariedad, variación u oposición, señalando constantemente lo que se encuentra, inasible, fuera del alcance del lenguaje y de la razón. También habría que decir que la fragmentariedad, así como se concibe y desarrolla partir de los Románticos, es un objeto que se escapa de toda definición que no sea por vía negativa. A pesar de nuestros esfuerzos teóricos, mantiene inalterada su enigmaticidad y su radical oposición a lo sistemático, frontera última de la subversión en contra de lo que se estanca y muere, algo que me parecía ser una clave de lectura adecuada para un poeta que encarna en su escritura estos mismos valores.

-El poeta gallego aludió en sus textos ensayísticos al valor primordial del lenguaje para la condición humana, recuerdo en particular algún pasaje donde habla del jardín edénico y el surgimiento del lenguaje como acto fundacional, en el “Elogio del Calígrafo”. Siendo un estudioso de la obra de Valente ¿puede el lector de hoy -en español o cualquier otro idioma- encontrar en su corpus poético algún secreto, algo desconocido, que devuelva en plena globalización de la banalidad y el espectáculo aquella pasión por la mística y la aspiración de trascendencia que ha caracterizado su legado literario?

 

El tema de lo místico y de lo trascendente en Valente es, a mi ver, algo delicado y que puede, potencialmente, llevarnos a una lectura errata de su labor poética. Desconozco, naturalmente, cuales hubieran podido ser sus motivaciones más íntimas y profundas a la hora de atender, con tanta pasión y cuidado, a las obras de San Juan o de Santa Teresa, figuras que sabemos tener un peso fundamental sobre su trayectoria artística. Sin embargo, muchas veces se tacha la escritura valentiana de “misticismo”, quedándose quizás en la superficie de lo que realmente es su poesía. Desde una postura crítica, creo que su originalidad reside precisamente en haber encontrado puntos de convergencias con las literaturas místicas en el lenguaje, y haber trasladado esas mismas preocupaciones al ámbito de lo propiamente poético como forma de ver y experimentar el mundo como pura inmanencia. Por eso algunos hablan de “materialismo espiritualizado” como forma de rescatar y elevar lo matérico aboliendo esas supuestas dualidades que están muy enraizadas en nuestra cultura. En este sentido, lo erótico, que aparece ya en la poesía de madurez, encarnaría un punto donde convergen, sin contradicciones, su afán espiritual y su quehacer estético. Personalmente creo (pero en esto quizás sea yo quién esté desviado por inefables motivaciones personales) que, en definitiva, los lectores de cualquier idioma o cultura pueden encontrar, en la obra de Valente, una forma de pensar y aceptar lo inevitable de la muerte, para llegar, a través de la belleza, a una visión más auténtica del mundo y de la vida. De ahí que el acto de nombrar, tan central en la narración bíblica, sea un acto fundacional de la realidad y del hombre mismo. Lo que nos advierte Valente, en este sentido, es que precisamente por la capacidad de fundación y renovación del mundo y del individuo que tiene la palabra poética, no hay que permitir, bajo ningún concepto, que el lenguaje sea trivializado, rebajado en su potencialidad de re-descubrir la realidad y manipulado ideológicamente por el poder. Hoy en día, leer y practicar este tipo de poesía es un acto necesario de rebeldía y resistencia frente a las barbaries que nos rodean.

-Y también el arte estuvo muy presente en la configuración de la obra poética de José Ángel Valente. Todavía se pueden encontrar reliquias con poemas suyos y obras originales de artistas como Saura o Tàpies, una faceta que lo vinculó con otros autores como el poeta canario Andrés Sánchez Robayna ¿Qué papel juega el trasfondo de las relaciones entre el arte y la poesía en su vocación para investigar sobre otros autores españoles como Antonio Gamoneda? Muchas gracias

Creo que, en la trayectoria de Valente, en su búsqueda incesante de una “palabra matérica”, el acercamiento y el interés hacia las artes plásticas y a la música fuera algo connatural a su visión del acto creador. El arte, en todas sus expresiones, es gestación y nacimiento, es esperanza de nueva vida. Es también convertir lo intangible y a veces efímero del pensamiento en materia perdurable que podamos leer, tocar y compartir. Crear significa también sacrificarse a uno mismo, aprender a apartarse para que algo distinto pueda adquirir autonomía, algo que, a partir de su nacimiento, ya no nos pertenece. La palabra poética, en este sentido, no es distinta a los colores de Tàpies o al acero de Chillida, se convierte en fenómenos físicos tangibles (la vibración de la voz, la tinta sobre la página), reclamando, en su manifestación matérica, no sólo su alteridad, sino también la posibilidad de ser explorada sensiblemente. Esta atracción hacia las artes es algo que aúna, aunque bajo distintas premisas, muchos poetas españoles de la segunda mitad del siglo XX, rompiendo un poco esa compartimentación generacional que a veces se usa de forma impropia. Gamoneda, por ejemplo, cuya formación temprana mucho debe a la frecuentación de las artes plásticas, tiene exquisitez y sensibilidad a la hora de dialogar con materias distintas a la verbal, sobre todo con la música. Creo que su propia manera de entender la poesía y su relación con el mundo requiere este reconocimiento de una comunidad universal de creadores. Su atención por el ritmo y la sonoridad de la palabra poética (además de remitir a una precisa tradición que es seminal en Mallarmé), resulta parte integrante en la constitución de un hondo sistema simbólico que no deja de sorprender y emocionar. Acercarme a su obra bajo esta premisa crítica será para mí un reto a la vez que un placer, y espero me permita entender mejor una de las mayores voces líricas de nuestra contemporaneidad.

Muchas gracias.

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