el cumpleaños de carilda

por María de los Ángeles Polo Vega.

Este 6 de julio cumplirá 96 años  la Novia de Matanzas, Carilda Oliver Labra,  una de las más sobresalientes poetisas de Cuba y de toda Iberoamérica.

 

Carilda

Tengo el cabello rubio; de noche se me riza.

Beso la sed del agua; pinto el temblor del loto.

Guardo una cinta inútil y un abanico roto.

Encuentro ángeles sucios saliendo en la ceniza.

Cualquier música sube de pronto a mi garganta.

Soy casi una burguesa con un poco de suerte:

mirando para arriba el sol se me convierte

en una luz redonda y celestial que canta.

Uso la frente recta, color de leche pura,

y una esperanza grande, y un lápiz que me dura;

y tengo un novio triste, lejano como el mar.

En esta casa hay flores, y pájaros, y huevos,

y hasta una enciclopedia y dos vestidos nuevos,

y sin embargo, a veces…¡qué ganas de llorar!

 

Recuerdo, a mediados de los años 80, cuando la conocí, estábamos invitados un grupo de escritores manzanilleros a una jornada literaria o semana de la cultura de Jovellanos adonde le realizarían un homenaje a propósito de sus cumpleaños por esos días.

Inevitablemente las personas reunidas aquella noche en la biblioteca municipal comenzamos a pedirle que nos regalara  el más célebre de todos sus poemas, “Me desordeno, amor, me desordeno…

A lo que ella se negaba alegando que se trataba de un poema que había escrito cuando era apenas una muchacha atrevida, pero que a esta edad le parecía inapropiado estar recitando esos versos, pero de pronto, al mirar a un jovencito de ojos tan verdes como los suyos, que tomado de la mano de su novia disfrutaba de aquel suigéneris recital y virándose para el público, llena de coquetería, exclamó: “ante un galán como este cualquiera se desordena” y  de inmediato comenzó a recitar:

Me desordeno, amor, me desordeno
cuando voy en tu boca, demorada;
y casi sin por qué, casi por nada,
te toco con la punta de mi seno.

Te toco con la punta de mi seno
y con mi soledad desamparada;
y acaso sin estar enamorada;
me desordeno, amor, me desordeno.

Y mi suerte de fruta respetada
arde en tu mano lúbrica y turbada
como una mal promesa de veneno;

y aunque quiero besarte arrodillada,
cuando voy en tu boca, demorada,
me desordeno, amor, me desordeno.

Fue en esa oportunidad que nos invitó, al concluir el homenaje, para que la visitáramos al siguiente día en su casa en Calzada de Tirry 81, y hasta allá nos fuimos,había trovadores, poetas, periodistas, autoridades del partido y del gobierno de la ciudad de Matanzas ,funcionarios de cultura y gente del pueblo, todos querían felicitarla.

Recuerdo que era la suya una casona amplia, llena de plantas y de gatos, la misma donde ha vivido siempre en esa hermosa ciudad, y recuerdo que ese día, entre las muchas llamadas que recibió, recibió también la de Fidel, el Comandante la llamaba siempre, cada 6 de julio para felicitarla, nos dijo, y nos regaló, complaciendo peticiones, esta vez , su extraordinario ” Canto a Fidel…”

No voy a nombrar a Oriente,
no voy a nombrar la Sierra,
no voy a nombrar la guerra
–penosa luz diferente–,
no voy a nombrar la frente,
la frente sin un cordel,
la frente para el laurel,
la frente de plomo y uvas,
voy a nombrar toda Cuba,
voy a nombrar a Fidel.

Ese que para en la tierra
aunque la Luna le hinca,
ese de sangre que brinca
y esperanza que se aferra;
ese clavel en la guerra,
ese que en valor se baña,
ese que allá en la montaña
es un tigre repetido
y dondequiera ha crecido
como si fuese de caña.

Ese Fidel insurrecto
respetado por las piñas,
novio de todas las niñas
que tienen el sueño recto.
Ese Fidel –sol directo
sobre el café y las palmeras–;
ese Fidel con ojeras
vigilante en el Turquino
como un ciclón repentino,
como un montón de banderas.

Por su insomnio y sus pesares,
por su puño que no veis,
por su amor al veintiséis,
por todos sus malestares,
por su paso entre espinares
de tarde y de madrugada,
por la sangre del Moncada
y por la lágrima aquella
que habrá dejado una estrella
en su pupila guardada.

Por el botón sin coser
que le falta sobre el pecho,
por su barba, por su lecho
sin sábana ni mujer
y hasta por su amanecer
con gallos tibios de horror;
yo empuño también mi honor
y le sigo a la batalla
con este verso que estalla
como granada de amor.

Gracias por ser de verdad,
gracias por hacernos hombres,
gracias por cuidar los nombres
que tiene la libertad…
Gracias por tu dignidad,
gracias por tu rifle fiel,
por tu pluma y tu papel,
por tu ingle de varón.
Gracias por tu corazón.
¡Gracias por todo, Fidel!

Y nos hizo , entre tantas historias, la historia de su abuela, cuando llegó a Cuba haciéndose acompañar por una bolsita de tierra española para que el día que muriera, se la echaran encima ,algo que hizo también su madre cuando se marchó definitivamente de Cuba .
A raíz de esa experiencia nació luego este otro poema suyo..

La Tierra

Cuando vino mi abuela

trajo un poco de tierra española.

Cuando se fue mi madre

llevó un poco de tierra cubana.

Yo no guardaré conmigo

ningún poco de patria:

la quiero toda

sobre mi tumba.

Pero Carilda decidió quedarse y lo hizo, en la vieja casona familiar, rodeada de recuerdos entrañables, y desde allí se abrió al mundo, sin salir de su ciudad ni de su país…desde donde alcanzó estatura universal.

Y esta mujer cumplirá 96 años el próximo 6 de julio, edad a la que llega sin perder la frescura ni el encanto que la han convertido en leyenda y con el privilegio de saber que sus versos son patrimonio de los enamorados.

Me desordeno, amor, me desordeno
cuando voy en tu boca, demorada;
y casi sin por qué, casi por nada,
te toco con la punta de mi seno.

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