¡verde que te quiero verde!

Sobre el Festival Internacional de Poesía de la Habana

Por Felix Contreras.

Del 27 de mayo al 3 de julio de 2018 el Festival de Poesía de La Habana auspiciado por el Centro Cultural CubaPoesía alzará sus voces, poemas, cantos, danzas, artes plásticas, teatro, conferencias, recitales y otras manifestaciones inspirados en el supremo anhelo de la humanidad hoy: la utopía de un planeta más verde y donde estarán presente relevantes poetas nacionales y del resto del mundo y el recuerdo de un Federico García Lorca con su tan actual ecológica o ambientalista declaración de amor a la Tierra: Verde que te quiero verde.

 

Ningún otro tema escogido por el Festival ahora es más oportuno que el ambientalista o ecológico en este momento  del mundo en que hombre y naturaleza transitan por sendas contrarias, en un país como Cuba donde gobierno y estado se desvelan por la defensa del medio ambiente, con gobernantes como un Fidel Castro cuyo discurso en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro, 1992, aún resuena en sus salones, se recuerda por su lúcida, muy necesaria  y valiente exposición.

 

Pero, paradojas y contradicciones tan del ”folclor habanero”  no faltan: Cuba, cuyo gobierno y estado practican tan excelente política ambientalista, con altos índices de boscosidad en puntuales sitios de la isla, exuberantes bosques en Mayarí y Guanacahavibes, extremos oriental y occidental del país, aún es muy pobre en presencia del tema ambientalista en su narrativa, su poesía, su escritura, audiovisual, etc.

 

Como tampoco, más elevada conciencia  o idea de lo ambiental, lo ecológico entre la población, cualquier ciudadano corta o desmocha un árbol con total impunidad,  como ocurrió con algunos de los históricos en algunas cuadras de la calle  San Lázaro donde vi en 2010 eliminar dos frondosas majaguas en las mismas  puertas del sector de la Policía Nacional  (cuadra entre  Hospital y Espada)… ”Ensucian la acera””.

Me respondió un vecino cuando  pregunté el porqué de esa barbaridad.

 

Cosa que se refleja hasta en lo más cotidiano como las áreas verdes de plazas de La Habana en que se plantan una y otra vez ad infinitum  Y como efímero símbolo, pobres arbustos que, sin atención seguida, o mueren o languidecen pero, no majaguas, barías, ceibas o caobas u otras especies.

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