una fecha que no puede pasar inadvertida

por: Luis E. Aguilera
Secretario General
Sociedad de Escritores de Chile (SECH)

Una fecha que no puede pasar inadvertida en el mundo: 7 de abril, cumpleaños de Gabriela Mistral y Victoria Ocampo, dos grandes de la literatura universal.

Victoria Ocampo es una de esas personas cuyo legado trasciende generaciones y fronteras: sus ensayos se mantienen tan vigentes como hace más de medio siglo atrás. Escritora, editora, intelectual, ensayista y mecenas de importantes autores del Siglo XX, La Villa Ocampo, su vivienda, fue punto de encuentro de personajes de ese calibre, se ganó un lugar entre los personajes más relevantes de la historia cultural argentina. A sus 41 años funda la revista literaria Sur (que después sería también una editorial), en la que colaboraron muchos de los escritores más importantes del siglo: Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Oliverio Girondo, Ernesto Sábato, Eduardo Mallea, Federico García Lorca, Gabriel García Márquez, Pablo Neruda, Silvina Ocampo y Gabriela Mistral, entre muchos otros.

 

Victoria Ocampo (1890-1979), escritora argentina, ensayista y editora de la revista Sur., conoció a Gabriela en 1930, en Madrid. Ella cuenta cómo en el primer encuentro Gabriela le reprochó que hubiera nacido en la más cosmopolita de las ciudades de Sudamérica, que fuera tan afrancesada y que hubiese ignorado a Alfonsina Storni. Tenían un año de diferencia y a esa fecha una tenía 47 y los otros 48 años de edad. Se encontraron todavía algunas veces más. En plan de caracterización de la escritora argentina Victoria Ocampo, Gabriela Mistral dice:

 

“En Victoria ha de haber muchas Victorias, pues yo me conozco cuando menos cuatro… Una es la ahijada de Francia, que se saben todos -oraciones, rondas y cuentos de hadas recibidos de la aya francesa que escamoteaba el habla criolla…

 

“Y hay al costado acá de esta fiel al Sena y a Racine, una “advertida” de que el Sena no vale para todas las cosas -por ejemplo- para el viento fuerte de la aventura y para cierta frescura de las instituciones a causa de haberse vuelto el pobre, parisianamente, urbe nueva. Esta Victoria que hace la escapada hacia el canal, llega al otro lado y se aposenta en la orilla diez veces opuesta, por gana de la ráfaga del canal o de la mediterránea, más otras dádivas que se reciben allí y sólo allí: una poesía menos metida en la carne y una prosa más permeada de música y por allí de gracia. Y detrás de estas dos Victorias de mente prestada a la extranjería, detrás de estas dos grandes veleidades, que unos le tienen por vicio y otros por niñerías, una formidable argentinaza que, en cuanto tira ese espejo en que se mira y se desfigura a todo gusto, se nos quedan los suyos, en la más radical y desusada argentinidad, riéndose de los que les creímos las jugarretas y como diciendo: -¿Qué te figurabas? ¿Creías, gran boba, que se puede tener una Pampa de esta anchura y este vigor y un río como el Plata, y se puede vivir con el Martín Fierro sesteando bajo el sesgo y no llevarlo en el alma tanto como se les carga en el cuerpo? ¿Tú crees que se camina con este paso largo de lebrel y se respira con este cuello de llama y se gozan estas dunas inacabables, siendo del Loire y soñando Piccadilly?”

 

“Y esta Victoria va a ser la que se queda después del rasgón, hecho en la hiedra o la buganvilia europea y nos queda delante la piedra desnuda, el bloque terco e íntegro de una argentinidad maciza, que parece que nunca fue desmoronado de su cantera: queda la mujeraza del Río de la Plata, y en adelante, aunque os digan esto y aquello ya no veréis sino a esta fiel, hecha a imagen y semejanza de su geografía. Nadie os hará creer más en las Victorias de los espejos enhollinados o fraudulentos”

 

Y un último rasgo, para Gabriela Mistral el más preocupante es el siguiente:

 

“Esta Victoria criolla es dueña de todas las holguras y desenvolturas que dan el nombre y la riqueza para vivir, y sin embargo, ella es hasta tímida consumada para lo que nos es el vivir, para lo que es el decir (ella dice “expresarse”), para derramar su rica médula humana sobre un papel. ¡Parece defenderse con su verbo, y su verbo bastaría como dato mental!”

 

El marco de referencia a que apunta la situación de la enunciación es su estancia durante ocho días, en el mes de abril, en Villa Victoria, Mar del Plata, casa de verano de la escritora, durante la Semana Santa de 1938. Hay un efecto de poema postal en el que el texto tiene al dorso una referencia gráfica. Existen fotografías de Villa Victoria que muestran el frente de la casa, algunos ángulos y sus jardines y tenemos su dirección en el barrio Divino Rostro, calle Matheu 1851, Mar del Plata, donde hoy día, rescatada como un monumento, funciona el Centro Cultural Villa Victoria Ocampo.

 

Durante la estadía de Gabriela Mistral en Villa Ocampo, ambas escritoras se enviaban mensajes de una habitación a otra. Es lo que la escritora argentina llamará “cartas habladas”, pues “una carta que va de un piso a otro de una casa tiene forzosamente que ser diferente de una composición literaria del género epistolar, como un pájaro vivo de uno embalsamado” (“Gabriela Mistral en sus cartas”, 64-65). De esos mensajes se han conservado tres de Gabriela Mistral, mientras los de Victoria Ocampo están perdidos. Gabriela Mistral estaba acompañada de Consuelo Connie Saleva, secretaria y amiga portorriqueña que la acompañara en Francia, California, USA, México, Brasil y Argentina. Coincidió con la presencia de María Rosa Oliver, entre otras. Varias personas alojaban en la casa simultáneamente -la casa tenía once habitaciones-, aunque su dueña estuviera enferma.

 

Era el tiempo de las pruebas de imprenta de la primera edición de Tala que publicará Sur, en 1938. Gabriela habla de “Nocturno del descendimiento” que ha dedicado a Victoria, pero debe entenderse que el último poema del libro es el “Recado a Victoria Ocampo, en la Argentina”, poema de despedida, en agradecimiento y correspondencia por su hospitalidad y como saludo del cumpleaños.

 

La escritora argentina recuerda de la siguiente manera aquella fecha, aunque equivoca el año. Se trata de 1938 y no de 1937:

 

“Pasó en Mar del Plata el 7 de abril de 1937. Era el día de su cumpleaños. Lo compartíamos, pero sólo descubrimos la coincidencia entonces. Bajé temprano a desearle la felicidad que acostumbramos a desear en fechas fijas, como pidiendo prórroga. Estaba sentada en la cama, lápiz en mano, corrigiendo algo. “¿Qué has escrito?”, le pregunté. “Un recado para ti, para el día de tu santo, como le llamas.”

 

“Recado a Victoria Ocampo, en la Argentina”, de Gabriela Mistral. Es el poema que cierra la sección “Recados”, la última sección del libro Tala (1938), que contiene seis epístolas en verso: “Recado de nacimiento para Chile”, “Recado a Lolita Arriaga, en México”, “Recado para las Antillas”, “Recado a Rafaela Ortega, en Castilla”,

 

“Recado a Victoria Ocampo, en la Argentina”,

 

Victoria, la costa a que me trajiste,

tiene dulces los pastos y salobre el viento,

el mar Atlántico como crin de potros

y los ganados como el mar Atlántico.

Y tu casa, Victoria, tiene alhucemas,

y verídicos tiene hierro y maderas,

conversación, lealtad y muros.

 

Albañil, plomero, vidriero,

midieron sin compases,

midieron mirándote,

midieron, midieron…

Y la casa, que es tu vaina,

medio es tu madre, medio tu hija…

Industria te hicieron de paz y sueño;

puertas dieron para tu antojo;

umbral tendieron a tus pies…

 

Yo no sé si es mejor fruta que pan

y es el vino mejor que la leche en tu mesa.

Tú decidiste ser “la terrestre”,

y te sirve la Tierra de la mano a la mano,

con espiga y horno, cepa y lagar.

 

La casa y el jardín cruzan los niños;

ellos parten tus ojos yendo y viniendo;

sus siete nombres llenan tu boca,

los siete donaires sueltan tu risa

y te enredas con ellos en hierbas locas.

o te caes con ellos pasando médanos.

 

Gracias por el sueño que me dio tu casa,

que fue de vellón de lana merino;

por cada copo de tu árbol de ceibo,

por la mañana en que oí las torcazas;

por tu ocurrencia de “fuente de pájaros”,

por tanto verde en mis ojos heridos,

y bocanada de sal en mi aliento:

por tu paciencia para poetas

de los cuarenta puntos cardinales…

 

Te quiero porque eres vasca

y eres terca y apuntas lejos,

a lo que viene y aún no llega;

y porque te pareces a bultos naturales:

a maíz que rebosa la América

rebosa mano, rebosa boca-,

y a la Pampa que es de su viento

y el alma que es del Dios tremendo…

 

Te digo adiós y aquí te dejo,

como te hallé, sentada en dunas.

Te encargo tierras de la América,

¡a ti tan ceiba y tan flamenco,

y tan andina y tan fluvial

y tan cascada cegadora

y tan relámpago de la Pampa!

 

Guarda libre a tu Argentina

el viento, el cielo y los trojes;

libre la Cartilla, libre el rezo,

libre el canto, libre el llanto.

el pericón y la milonga,

libre el lazo y el galope

¡y el dolor y la dicha libres!

 

Por la Ley vieja de la Tierra;

por lo que es, por lo que ha sido,

por tu sangre y por la mía,

¡ por Martín Fierro y el Gran Cuyano

y por Nuestro Señor Jesucristo!

 

 

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